Cómo problematizar y generar conocimiento

Muchas veces pensamos que generar conocimiento requiere grandes laboratorios o teorías complejas. Sin embargo, basta con observar un objeto cotidiano —como una simple taza— para descubrir todo un universo de preguntas y significados. La clave está en la mirada: en cómo cada persona, desde su experiencia y formación, puede problematizar ese objeto de maneras distintas y abrir caminos para pensar, interpretar y transformar.

Un ingeniero, por ejemplo, podría analizar la taza desde su capacidad para soportar temperaturas altas. ¿Está diseñada para el microondas? ¿Cómo evitar que se caliente más el asa que el contenido? Su enfoque busca optimizar el diseño para mejorar su funcionamiento. Un arquitecto, en cambio, puede centrar su atención en las proporciones, el equilibrio visual, los colores y el trazo del asa, entendiendo la taza como una pieza de diseño dentro de un contexto estético y espacial.

Ahora bien, un sociólogo se preguntaría quién fabrica esas tazas, en qué condiciones, y qué significa que ciertas personas accedan a unas de cerámica fina mientras otras usan tazas de plástico reutilizado. Desde esa mirada, la taza se convierte en un reflejo de necesidades sociales, procesos productivos y desigualdades. Por su parte, un psicólogo puede ver en la taza un objeto cargado de memorias: esa taza del primer café con una persona querida, o la que acompaña las rutinas diarias. Lo que para unos es un recipiente, para otros es un símbolo emocional.

Este pequeño ejercicio muestra algo poderoso: el conocimiento no siempre está en los objetos, sino en las preguntas que hacemos sobre ellos. Observar una taza con distintas perspectivas nos permite entender cómo se construyen los significados, cómo se identifican necesidades y cómo se transforman las realidades. Así se genera conocimiento: reconociendo que no hay una sola verdad, sino muchas formas de mirar y pensar lo que parece simple.

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