ANÁLISIS DE MOVILIDAD URBANA CON DATOS GEOESPACIALES EN TIEMPO REAL Y EL MODELO DE GRAVEDAD

A Real-Time, Multi-Method Approach to Functional Metropolitan Delimitation: The Case of Guatemala City

A different methodology has been developed for the functional delimitation of metropolitan areas, integrating the Gravity Model, Cluster Analysis, and Geographic Information Systems (GIS), along with real-time data to improve spatial and temporal precision. In contrast to conventional approaches dependent on static administrative boundaries; this method captures the dynamic behavior of urban systems by incorporating variations in mobility patterns, land use, accessibility, and economics. The collaborative integration of spatial modeling techniques with live data streams, allowing the continuous adjustment of metropolitan boundaries in response to actual urban transformations is an important contribution of this methodology. This methodology was applied to the context of Guatemala City and the approach reveals zones of functional interconnection that extend beyond political jurisdictions, thus offering a more flexible and transferable framework for metropolitan areas undergoing rapid growth. As a result, the method represents an important advance in urban planning practices—providing an adaptive, data-driven, and context-sensitive tool.

No todo lo que no sabes es un vacío: entender mejor el conocimiento

A veces creemos que hay temas de los que nadie ha hablado, o que no existen estudios sobre cierto problema. Pero muchas veces, eso no es del todo cierto. Lo que pasa es que no lo sabemos todavía. Y eso no significa que el conocimiento no exista, sino que aún no lo hemos buscado bien o no sabemos por dónde empezar.

La imagen lo muestra de una forma muy clara: lo que sabemos es solo una pequeña parte (esa zona verde). Luego está lo que sabemos que no sabemos (en rojo), como cuando escuchamos un tema y decimos “tengo que investigar más”. Pero lo más grande es la parte amarilla: todo lo que ni siquiera imaginamos que existe, y por eso, no lo buscamos.

Esto pasa mucho cuando alguien dice: “este tema no se ha investigado”. A veces es cierto… pero muchas veces es porque:

  1. Nunca ha buscado (ni en libros, ni en artículos, ni ha preguntado a expertos).
  2. Buscó poco o por encima, sin hacer una revisión profunda.
  3. O sí buscó a fondo, y entonces puede decir con certeza qué cosas se han estudiado y qué no. Ese sí es un vacío real.

El problema es cuando nos quedamos solo con la idea de que “algo falta” sin revisar si realmente falta. Es como ver solo una esquina del mapa y pensar que el resto está en blanco. Pero muchas veces, ese resto ya existe, solo que aún no lo exploramos.

La clave es no quedarnos con suposiciones. Leer más, preguntar más, cruzar ideas… eso es lo que nos lleva a descubrir qué se sabe de verdad y qué no. Porque para encontrar vacíos reales en el conocimiento, primero hay que conocer el terreno.

Ideas que llenan vacíos: el poder de mover un concepto entre ciencias

En la ciencia, no siempre se trata de inventar algo totalmente nuevo. A veces, lo más poderoso es tomar una idea ya conocida y llevarla a otro campo, donde puede tener un nuevo significado y, sobre todo, llenar un vacío que aún no se había resuelto.

Un buen ejemplo es el concepto de resiliencia. Nació en la física, para describir cómo ciertos materiales se deforman pero luego recuperan su forma. Sin embargo, esa misma idea ha sido adoptada en muchas otras disciplinas. En psicología, se refiere a la capacidad de una persona para salir adelante después de momentos difíciles. En ecología, explica cómo los ecosistemas se recuperan tras incendios, sequías o desastres. Y en urbanismo, ayuda a pensar en ciudades preparadas para enfrentar crisis como pandemias o fenómenos climáticos.

Lo interesante es que el concepto sigue siendo el mismo en esencia —la capacidad de resistir y recuperarse—, pero al cambiar de ciencia, encuentra nuevas formas de ser útil. Así, un término que surgió en el mundo físico terminó llenando vacíos en cómo entendemos a las personas, la naturaleza y las ciudades.

Esto también ha ocurrido con otras ideas, como «equilibrio», «red», «sistema» o «entropía», que viajaron desde la matemática o la biología hacia la economía, la sociología o la educación, aportando nuevas herramientas para pensar problemas complejos.

Cuando un concepto cambia de lugar, puede ofrecer respuestas donde antes había preguntas sin resolver. Y en ese cruce de caminos entre ciencias, a veces se produce el avance más valioso: llenar vacíos de conocimiento que ni sabíamos que teníamos.

ANÁLISIS DE MOVILIDAD URBANA CON DATOS GEOESPACIALES EN TIEMPO REAL Y EL MODELO DE GRAVEDAD

La movilidad urbana en el Área Metropolitana de la Ciudad de Guatemala está influenciada por el uso del suelo, la congestión y la fricción del viaje. La integración de datos en tiempo real mediante herramientas digitales como Google Maps permitió identificar patrones de desplazamiento con mayor precisión. Aplicando el modelo de gravedad, se evidenció que el tiempo de viaje y la congestión son factores más determinantes que la distancia en kilómetros. Los modelos regionales mostraron mejor ajuste que el modelo general, lo que resalta la importancia de abordar la movilidad con un enfoque diferenciado. La falta de bases de datos estructuradas dificulta la planificación del transporte, por lo que se propone combinar datos en tiempo real y trabajo de campo para mejorar la toma de decisiones y optimizar la movilidad urbana.

¡La generación del conocimiento!

Explorar el vacío: el primer paso para generar conocimiento

La ciencia avanza no solo por lo que ya conocemos, sino por la capacidad de identificar lo que aún no sabemos. Los investigadores, en su búsqueda constante, no comienzan directamente creando respuestas, sino formulando preguntas. El primer paso esencial es reconocer que existe un vacío al conocimiento, una ausencia que limita nuestra comprensión del mundo. Ese vacío no siempre es evidente: a veces se intuye, a veces se revela tras revisar lo que ya se ha estudiado, y otras veces nace de la experiencia misma, cuando algo no encaja o no se explica del todo.

Identificar ese vacío es en sí un acto de lucidez. Implica detenerse, cuestionar lo que se da por sentado y asumir con humildad que, por muy avanzada que parezca una disciplina, siempre hay terrenos inexplorados. Es un proceso que exige lectura crítica, apertura a lo interdisciplinario y, sobre todo, sensibilidad para entender que el conocimiento es un campo en construcción, con bordes borrosos y oportunidades infinitas.

Una vez detectado el vacío, el verdadero reto comienza: ¿cómo generamos conocimiento que lo llene? Aquí entra la creatividad científica, el diseño de métodos, la recolección de datos, la interpretación rigurosa. Pero más allá de la técnica, está el impulso humano de querer comprender, de aportar algo que otros puedan usar para seguir construyendo. Generar conocimiento no es solo una tarea académica, es una forma de cuidar y enriquecer el legado intelectual colectivo.

Así, la ciencia se convierte en un acto profundamente humano: observar con atención, reconocer lo que falta, imaginar caminos nuevos y construir con paciencia. Es un viaje que inicia con una simple sospecha —“aquí hay un vacío al conocimiento”— y que puede terminar cambiando nuestra forma de ver la realidad.