Ideas que llenan vacíos: el poder de mover un concepto entre ciencias

En la ciencia, no siempre se trata de inventar algo totalmente nuevo. A veces, lo más poderoso es tomar una idea ya conocida y llevarla a otro campo, donde puede tener un nuevo significado y, sobre todo, llenar un vacío que aún no se había resuelto.

Un buen ejemplo es el concepto de resiliencia. Nació en la física, para describir cómo ciertos materiales se deforman pero luego recuperan su forma. Sin embargo, esa misma idea ha sido adoptada en muchas otras disciplinas. En psicología, se refiere a la capacidad de una persona para salir adelante después de momentos difíciles. En ecología, explica cómo los ecosistemas se recuperan tras incendios, sequías o desastres. Y en urbanismo, ayuda a pensar en ciudades preparadas para enfrentar crisis como pandemias o fenómenos climáticos.

Lo interesante es que el concepto sigue siendo el mismo en esencia —la capacidad de resistir y recuperarse—, pero al cambiar de ciencia, encuentra nuevas formas de ser útil. Así, un término que surgió en el mundo físico terminó llenando vacíos en cómo entendemos a las personas, la naturaleza y las ciudades.

Esto también ha ocurrido con otras ideas, como «equilibrio», «red», «sistema» o «entropía», que viajaron desde la matemática o la biología hacia la economía, la sociología o la educación, aportando nuevas herramientas para pensar problemas complejos.

Cuando un concepto cambia de lugar, puede ofrecer respuestas donde antes había preguntas sin resolver. Y en ese cruce de caminos entre ciencias, a veces se produce el avance más valioso: llenar vacíos de conocimiento que ni sabíamos que teníamos.

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